
Llegado
Pentecostés, entre nosotros suena un nombre que lo
dice todo: ROCÍO. Sí, esta rica advocación
mariana convoca a miles de peregrinos en las marismas de Almonte.
Según la tradición, desde el siglo XIII se venera
en aquel lugar a Santa María de las Rocinas. Entrado
el siglo XVII es el pueblo sencillo, con esa sabiduría
de fe que le caracteriza, quien cambia el nombre de Rocina
por Rocío. Pero no estamos ante un simple fenómeno
de evolución lingüística, sino ante la
expresión de una intuición de fe popular, que
sabe que en ese nuevo título está representado
todo el misterio de Cristo y de su Iglesia. Por eso, para
el cristiano rociero, María es por antonomasia, Ala
Mujer que recibe el rocío del Espíritu Santo@
que la convierte en el rostro materno de lo divino, en bendición
para sus hijos, en rocío de gracia que transforma los
corazones, en amparo y refugio para su pueblo.
Frente a tanta comercialización y banalización
del Rocío, urge que los auténticos rocieros
de Jerez, ahonden en los fundamentos de su devoción,
que surgen de la vivencia de la fe de la Iglesia. Hay que
recordar algunas cosas esenciales del espíritu mariano:
lo primero que hay tener claro es que el camino no es una
feria, sino un medio extraordinario para entrar en uno mismo
y reconciliarse con Dios en el Sacramento de la Penitencia,
de tal manera que el cante y el baile sean expresión
de unos corazones limpios que puedan mira a la Madre de
Dios. Segundo ir de Romería es gozar de la fraternidad
y alegría cristiana que nos viene dada por nuestra
confianza en Dios Nuestro Señor que nos ama y nos
protege por la intercesión de su Bendita Madre. Tercero,
la ermita es la meta del peregrino, el espacio sagrado para
la oración y el silencio ante la Virgen, es el lugar
donde el rociero es alimentado con el cuerpo y sangre del
Divino Pastorcito. (Esto es lo esencial del Rocío!
Esta es la verdadera devoción rociera que ha inundado
el alma de tantos hombres y mujeres que a lo largo de los
siglos han conservado la fe cristiana gracias ese Amilagro@
de cada lunes de Pentecostés que se da en las marismas
almonteñas. Ella con el suave rocío de su
dulce mirada bendecirá a los romeros de corazón.
El campanil de la Hermandad de Jerez repica, tras repica,
llamando a la Señora, porque sabe que su presencia
nos inunda con su gracia, sana las heridas, socorre nuestras
necesidades y nos marca el único “Camino”
para todo el año: su Hijo, El Pastorcito Divino.
Que bien recogió este sentir el celebre poeta Juan
Francisco Muñoz y Pavón:
"Pocito del Rocío,
¡ siempre manando!
lo mismo que la Virgen
siempre escuchando!
¡ De noche y de día
te encuentra el que te busca
Virgen María!"
+ Juan del Río Martín
Obispo de Jerez