Hermandad del Rocío de Jerez

20 Abril 2008

La capacidad descriptiva fue ayer la mejor oración al Rocío

Archivado en: General — Adrián Selma @ 6:20

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El tono intimista del relato y la permanente admiración por el entorno natural que conduce a la Virgen fueron claves para percibir el sentido del Pregón del Rocío de la Hermandad jerezana que, como preparación de la próxima Romería de Pentecostés, llenó anoche, como ya es primaveral tradición anual, la Real Bodega de La Concha, de González Byass.


El letrado Jesús Rodríguez Gómez desplegó para ello, y tras presentación confiada a Antonio Sánchez Mejías, las herramientas pregoneras más clásicas de su repertorio en la oratoria exaltadora. Prosa poética al canto, y evidenciando una extraordinaria capacidad de descripción, el pregonero caló hondo. No en balde las formas no estaban sino al servicio del fondo.

Desde su propio inicio -“una mañana Jerez despierta con olor a miel templada…”- Rodríguez comenzó a abrir un verdadero catálogo sensitivo que, sin pasar inadvertido entre los rocieros que disfrutaron de su intervención, pretendía ir más allá de la mera exaltación. Redescubrir el Camino se evidenciaba como logro al alcance de su queda palabra, de su sugerente ademán.
Y, en el fondo, no se mostró con más pretensión que la de echar a las arenas de Doñana a cuantos no buscaban en La Concha sino comenzar a vivir esa experiencia que, en la voz de Jesús Rodríguez, se mostraba más mística aún, más rotunda en su capacidad de preparar el espíritu para el encuentro con la Virgen del Rocío. Así fue su intervención, sosegada, reflexiva, descubridora…
“Rocío de la campiña, / de pámpanos coronada; / pálido lirio de cal /y manantial de agua clara” recitó en uno de los poquísimos poemas previstos para, desde ahí desbrozar las jornadas de camino, una a una, según títulos ya ilustradores de un empeño de verdadero asiento físico de las mil y una sensaciones de cada paraje. Y junto a ello, sugerencias de Virgen y su Pastorcito.
Las viñas y el Río, con una espléndida ilustración de “mieses granadas” y “la lumbre gloriosa del mar hinchando el aire y calando su color en las besanas”, asentó verdaderas experiencias del primer día, tan ricamente retratadas que anunciaban Rocío vivido, sin lugar a dudas, una vez hubiese terminado el Pregón. Los cortijos, la voz de los romeros, los vivas, los caballos se desgranaban como cuentas de un rosario inequívocamente rociero aun su tono singular.
La Santa Misa y los sitios del Coto conducirían al segundo día de Camino con la magia de los parajes toponímicamente poéticos que van enzarzando a los romeros con las arenas. “Todo se hace tal y como lo hizo el Maestro, sólo que, en lugar de las palmas doradas de Bethania o los olivos inflamados de plata de Getsemaní, perfuman el lugar lentiscos, tarajes, mirtos, arrayán y romero”.
La hilazón era el Camino, pero vivido de la mano de Carmelo Espinar, el actual guarda del Coto. De ese modo, concilió las ansias de adentramiento en el Jardín de la Virgen con la mejor tradición de cuidadores de semejante paraíso. Las anécdotas que dieron nombre a los lugares fueron esenciales en este menester. Todo ello era convenientemente puesto en boca del cotero.
El Ángelus y las rayas del Coto y Las flores anónimas y la Presentación de la Hermandad otorgaron el viernes y sábado de Camino un preciosismo jubiloso de la mano de Jesús, quien ilustró, posteriormente, con verdadera magia en sus palabras, la sugerente presunción de una aparición de la Blanca Paloma en las calles de la Aldea. “Las oleadas de romeros regolfan en un llano abierto a la claridad y a la pureza del cielo” diría con espléndida captación.
Y así llegaría a los instantes más jubilosos de la Romería, subrayando las trazas en que la procesión discurre, “ni silencios de amargura ni presentimientos tristes, todo es alegría y alabanza de sus dones”; o apuntando El camino de vuelta, en el que insertaría su único poema, con el resquemor melancólico pretendido y unas palabras de consuelo: “No os dejéis envolver por la cantiga triste que llevan pegada al pico las golondrinas. Pensad que ahora mismo falta un día menos…”

La extraordinaria riqueza lírica de “los sitios del Coto”
En un determinado momento del Pregón de Jesús Rodríguez, cuando relatando la segunda jornada de camino se refirió a lo que denominó “los sitios del Coto”, señaló el protagonista de La Concha: “Enseguida, se alcanzan el Navazo de la Madroña y la Laguna del Carrizal… ¡Los topónimos de Doñana! No hay onomástico de tierras como el suyo. En otros lugares habrá nombres más famosos, más propicios para ser pronunciados en todas las lenguas, pero como a la gente del Coto nunca le importaron ni las batallas célebres ni las querellas ilustres, buscó para sus sitios los nombres de las cosas cotidianas: las peripecias de los hombres, el temblor del agua, la ciencia del polen, la migración de los pájaros o el secreto impalpable de los vientos”. Ésa fue, sin ningún género de dudas, una de las claves principales del Pregón del Rocío de este año. Jesús, tan extraordinario descriptor como culto exponente de ese tipo de personas con léxico enriquecido por su gran formación así como por su impagable curiosidad, supo llegar, con alicientes renovados, a un público que, en La Concha, se vio en cada rincón del Parque Nacional. Desde los cortijos que, camino aún de Sanlúcar, el pregonero fue identificando con exquisita corrección, hasta esos parajes que, ingresados los romeros en Doñana, fueron apareciendo por la palabra de Rodríguez -Navazo de las Pajas, Corral de la Marta, Cerro de las Rayas, Rincón de Ordóñez, el de Guerrero o el de Félix…- la intervención que anoche exaltó la próxima Romería de Pentecostés fue ofreciendo instantáneas que, a modo de estampas inconfundibles en la mente del rociero, hicieron ver cada lugar que quienes ya se preparan para iniciar el camino el próximo 7 de mayo ya están soñando ocupar.

Fuente: Información de Jerez

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