Hermandad del Rocío de Jerez

20 Junio 2011

LUTO POR LA MUERTE DE UN TAMBORILERO - EL ESTENAZA -

Archivado en: General — Adrián Selma @ 9:04

ANTONIO BURGOS
Día 19/06/2011 - 23.18h
Habré de empezar como aquel poema de Rafael de León que recitaba Pepe Pinto: «María Manuela, ¿me escuchas? Yo del Rocío no entiendo, ¿pero de verdad te explicas que haya habido este silencio?» Lo digo por una esquela mortuoria que venía en este ABC precisamente el sábado 11 de junio, cuando Triana estaba cruzando el puente del Ajolí hecho de palos podríos; cuando los simpecados de los pueblos se preparaban para la presentación y cuando la banda colocada ante la ermita se aprestaba a batir un año más su récord Guinnes. No creo que haya en ningún lugar de España un sitio y un momento donde se toque más veces la Marcha Real como la ermita del Rocío el sábado. Más de cien veces sonaba aquel sábado la Marcha Real, en cada presentación de los simpecados de las hermandades…

Y en esa esquela que cito y que extrañamente nadie ha comentado, el mármol tipográfico por la muerte de un tamborilero: «Don Juan Fernández Rodríguez, “El Estenaza”, tamborilero de la Hermandad de Umbrete y La Puebla del Río, falleció en Sevilla el día 10 de junio de 2011, a los 72 años de edad». El funeral del Estenaza fue en la iglesia de Villamanrique de la Condesa, la tarde del sábado de Rocío. Cuando los ladrillos de los escalones de la parroquia manriqueña aún tenían la emoción de las ruedas de tantas carretas del Simpecado subidas entre esfuerzos y clamores por ese Everest marismeño, en la ascensión de los Ocho Mil de la emoción que Goro Medina contempla desde su azulejo en la plaza. Mientras oficiaban el funeral por El Estenaza, resonaría quizá en los cielos manriqueños el eco de sus toques de tamboril y flauta, tantas veces, tantos años, allí mismo, en un Villamanrique de rojos cordones de medallas y recuerdos de Doña Esperanza y Don Pedro.

Decía que, María Manuela, no entiendo este silencio de tristeza de camino de vuelta con el que se ha ido El Estenaza, sin que nadie le haya dedicado una sevillana en prosa en los floridos papeles rocieros de la Pascua de Pentecostés. Tamboriles y flautas, no haced ruido, porque os voy quizá a decir la razón de este silencio. Con El Estenaza se va uno de los últimos grandes tamborileros con nombre propio; los que las hermandades se disputaban; los que salían en los versos de Manuel Pareja-Obregón. Nunca como ahora hubo una floración tal de virtuosismo y de continuidad de tamborileros, gracias a Dios, que de Niño es Pastorcito. Escuelas y más escuelas de tamborileros, tamborileros de nueve en fondo en las presentaciones, en orden de batallón tras la victoria de la permanencia y continuidad de la pastoril música marismeña. Parecen ahora los tamborileros artistas colectivos, corales, no solistas. Ya nadie conoce a nadie. Como aquel José de Palos de la Frontera, que dormía en el Rocío sobre dos sillas, con las botas como almohada. Como aquel José Manuel, te digo, que en la memoria aún resuenan tus sonidos, Triana y Coria. Como aquel Carmelo que iba con Triana, al que Los Hermanos Reyes todavía están animando en su estribillo: «Carmelo, dale al tambor». Como El Sanjuanero, cuyo toque del alba aún despierta a las campanas de la ermita. Como El Pollo de Cartaya, que viene tocando, y vaya un pío, pío que va formando…

Juan El Estenaza ha muerto un viernes del Rocío. Quien tantos caminos hizo habrá llegado entre pinares y lirios peregrinos, tocando el romerito, a la verdadera presentación ante la Virgen y el Pastorcito en las definitivas marismas azules.

 

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